Capitulo 8
- Aome!!!...baja a desayunar…
- ¿Qué?... ¿dónde estoy? ¿qué hora es?...
Aome miró a su alrededor, tratando de encontrar a Inuyasha, pero no estaba ahí. Todo parecía indicar que había sido un sueño. No lo podía creer. Pero en ese momento oyó unas palabras que la hicieron recobrar el ánimo.
- Tú amigo se va a quedar a desayunar...
- ¿Qué dijiste mamá?…
Se levantó y se vistió tan rápido como pudo, bajo las escaleras. Cuando entro en la cocina, y lo vio ahí sentado, se dio cuenta de que todo había sido un sueño…o tal vez una alucinación, creada por sus deseos reprimidos…decidió no decir ni una palabra sobre el asunto, y fingió indiferencia, pero había algo en el aire, quizá era por los hot cakes que acababan de preparar, o quizá todo eso realmente había sucedido, y el aroma que se respiraba era el amor…
- Que bueno que despertaste…ayúdame con los platos…-dijo su mamá, mientras volteaba un rico, suculento y esponjadito Hot cake.
Aome se acercó, y al pasar junto a Inuyasha, se le quedo viendo, como esperando que en ese momento él se levantara de su asiento y la sujetara entre sus brazos y le dijera que todo lo que le había dicho la noche anterior había sido real. Inuyasha al verla entendió lo que sentía, aunque solo hubieran sido unos escasos segundos… inmediatamente cambió su expresión de complacencia por la de chico indiferente.
Cuando terminaron de desayunar, Inuyasha le pidió a Aome que regresará inmediatamente con él al pasado, pues estaba sucediendo algo muy extraño, los monstruos estaban adquiriendo una fuerza increíblemente poderosa, y este fenómeno no era debido a la acción de Naraku ni de su hermano… era prescindible que ambos regresaran lo más pronto posible antes de que sus amigos resultaran heridos, pues no tenían los suficientes poderes para controlarlos ellos solos.
Aome al escuchar estas palabras corrió inmediatamente por sus cosas para partir lo más pronto posible. Se sentía muy egoísta por lo que había pasado el día anterior. Si sus amigos habían resultado heridos mientras ellos dos no estaban, ella nunca se lo perdonaría.
Tomó su mochila y metió medicamentos, provisiones y algunas otras cosas más, lo único que le faltaba era la perla, pero por más que la busco, no la podía encontrar. Movió todo lo que estaba en su habitación, pero no había nada…se asustó tanto que pegó un terrible grito de lamentación. Inuyasha subió y se encontró con la desagradable noticia de que no estaba la perla.
- Qué sucede…por qué gritas…
- No encuentro la perla, ya la busque por todas partes…pero no hay nada –dijo
Aome mientras se tiraba al suelo y miraba al suelo, desconsolada…-cómo pudo
pasar esto, si yo la guarde aquí, y no esta…
- Ya me lo temía…
- ¿A que te refieres?, acaso estas loco o qué…
- No sientes como que te faltan unas horas de tú vida…
- ¿A que te refieres?... unas horas de mi vida…
- Dime algo, y quiero que seas sincera…cómo llegamos desde el árbol sagrado
hasta aquí…
- Eso es muy sencillo, pues…pues…no lo sé, cómo es eso posible…
- Te puedo asegurar que esta no es la primera vez que te pasa…
- Claro que sí… espera no…cómo es eso posible…
- Nos han hechizado…
- Pero quién ha podido ser-dijo Aome mientras su rostro denotaba una gran
preocupación y desconsuelo…
- No es quién, sino quiénes…
- No estarás pensando que fueron…
- Así es, fue Yukito y sus amigos…
- Pero eso es absurdo…ellos no serían capaces de hacer eso…
- Recuerdas que hace unos días me contaste que ayudaste a una pareja de jóvenes,
los cuales fueron capaces de purificar la perla …
- No, no recuerdo nada de eso…
- Pero tú nos comentaste a mí y los demás…
- …Pero yo no recuerdo nada de eso…creo que la sopa de ayer te cayó pesada…
- ¿Recuerdas por qué te fuiste?…
- Si, por que… espera… por que…no lo sé…
- ¿Ya ves?, algo extraño esta pasando aquí…ahora me crees…
- Si, te creo, ¿pero qué podemos hacer?…yo no puedo regresar sin la perla…y tú no
puedes combatir sin mí, pues corres el peligro de transformarte en bestia…
- Lo mejor será que busquemos la perla…quiero que llames a tú amigo y le digas
que quieres verlo, tengo un plan…
Después de que Inuyasha le contó a Aome su plan, ella llamó a Yukito, y le pidió que se encontraran en el café del centro, él accedió, y fijaron la hora.
La hora de la cita llegó, y Aome se encontró ahí con Yukito que ya llevaba rato de estar ahí. Entraron y ambos pidieron un café y una rebanada de pastel. El lugar era diferente a todos los demás. Para llegar hasta la sala principal había que bajar muchas escaleras, y si no ibas vestida adecuadamente, el camarero de la entrada te decía que el lugar estaba lleno, y debías de retirarte aunque en realidad estuviera semidesierto. Por ese lado, nuestros personajes no tuvieron ningún problema, por otro lado, la zona donde estaban las mesas era muy imponente, el techo era muy alto y tenía arcos por todas partes, todo era de ladrillos que daban la apariencia de que el lugar era muy viejo a pesar de que lo acababan de abrir. La luz era muy tenue, casi nula, en el centro del lugar había un escenario en donde se subían los mejores músicos de la ciudad a tocar blues, jazz, trova, etc. En esa ocasión como era muy temprano, no había nadie que pusiera el ambiente, pero como permanecieron ahí durante mucho tiempo, platicando de cosas triviales, pudieron oír a los cantantes por lo que el lugar era famoso.
Cuando salieron de ahí, la noche ya había caído, en el cielo no se divisaba ninguna estrella, y había un poco de neblina, pero fuera de eso, el ambiente era muy tranquilo. Yukito se ofreció a acompañarla hasta su casa, y Aome acepto.
Antes de llegar, Yukito le pidió que sentaran en una banca. Ahí contemplaron el panorama, y de un momento a otro, Yukito ya estaba besándola, pero este no era un beso común y corriente, pues a partir de este momento, él podía controlarla, y nada de lo que hiciera estaría en su memoria.
Yukito se transformo en Yue, y le dio instrucciones a Aome.
- Quiero que extiendas tú mano
Aome hizo lo que le pidió…parecía como si estuviera fuera de sí…
- Cuando llegues a tú casa, te iras a tú cama, y al día siguiente, cuando veas a
ese chico tan extraño, le dirás que debe de regresar a su época y no volver
nunca, y le entregaras esto. En ese momento tú olvidarás quien es él, y te
olvidaras de mí y de mis amigos, tú vida volverá a la normalidad, y a los pocos
días encontraras a un chico del que te enamores profundamente- mientras decía
estas palabras le dio los fragmentos de la perla y cerró su mano delicadamente.
Aome se levantó y se fue a su casa, todo sucedió tal y como se lo indicó Yue. Inuyasha se fue muy disgustado, y juró no volver nunca más. Cuando Inuyasha cruzó el pozo junto con la perla de Shikon, Aome sintió como un gran peso se quitaba de su corazón, por primera vez en mucho tiempo se sentía feliz. Llamó a sus amigas para tomar un café, salieron y se divirtieron mucho. Ellas se sorprendieron mucho del estado en que ella se encontraba y le preguntaron el motivo. Ella solo respondió que se había levantado así, y ya no había nada en este mundo que la hiciera sentirse mal.
Las vacaciones terminaron, y el periodo de exámenes comenzó, por primera vez en su vida, Aome estaba sacando excelentes calificaciones. Un día, durante el almuerzo, sus amigas le comentaron que el chico más guapo de la escuela, aquel por el que tantas veces habían suspirado, estaba mirando hacia donde ellas estaban. Se acercó y sin ningún tipo de premeditación, el chico declaró su amor incondicional hacia Aome.
Al poco tiempo, ellos se volvieron novios. Todos envidiaban su relación, eran muy unidos. Un día mientras conversaba con sus amigas, acerca de lo feliz que era con su actual novio, una de ellas saco a relucir aquel tema olvidado durante mucho tiempo, y del que ya nadie se acordaba.
- No puedo creer que sea tan feliz…creo que mi vida es perfecta…-decía Aome
antes de ser interrumpida…
- Quién iba decir que después de aquel novio que tuviste, y por el cual sufriste
mucho, ibas a encontrar al amor de tú vida…
- A qué te refieres…-contestó Aome muy asombrada por aquel comentario tan fuera
de lugar-…el único novio que yo he tenido es Jet Mao…
- Y que me dices de aquel chico tan extraño…
- ¿Cómo se llamaba?...
- Ya lo recordé…Inuyasha…dijo otra de sus amigas…
En ese momento Aome sintió como si todo se le moviera, cada vez que sus amigas mencionaban su nombre, todo a su alrededor parecía retumbar. Salió corriendo lo más rápido de ahí, y cuando ya estuvo más tranquila, fue a sentarse al parque.
A lo lejos escucho los gritos de alguien implorando por ayuda, Aome corrió hasta donde ella estaba y se encontró con una mujer que trataba de salvar la vida de su hijo, el cual había sido apuñalado por la espalda. Unos maleantes habían querido robarlos, y como no llevaban nada de valor, en venganza hirieron al hijo de la mujer.
Esa mujer y su hijo eran muy parecidos a personas que ella en algún momento había querido mucho, pero no podía recordar quienes eran, le causaron tanta tristeza que comenzó a gritar también por ayuda, pero no había nadie más allí. Cuando intentó acercarse hasta donde estaba la mujer, se dio cuenta de que sus miembros no respondían a su llamado, ahí estaba ella, tirada en el suelo, sin posibilidad de hacer nada para ayudarlos. Súbitamente llegaron a su mente imágenes que nunca antes había visto en su vida y aun así no podía evitar pensar que ella lo vivió: Dentro de una mansión muy antigua había un sin número de hombres muertos, asessinados por una sola persona, un pequeño niño de escasos diez años. Su hermana había logrado sobrevivir y juró vengarse del responsable de todo aquello. La imagen de todo eso, era desgarradora. Aome comenzó a llorar. Pudo salir de su trance, cuando logró ver de nuevo el sufrimiento de aquella mujer que lloraba por la muerte de su hijo.
Un silencio sepulcral se percibía en el ambiente. Un hombre acudió a los llamados de la mujer, pero ya era demasiado tarde. El hombre se acercó hasta Aome, para ver si ella no estaba herida, pues se encontraba tirada en el suelo boca abajo con una mano tratando de alcanzar algo. Ella vio su rostro, le recordaba a alguien, pero no sabía a quién y después de todo el pánico que estaba sintiendo, sintió una profunda paz, y de nuevo, otra imagen cruzó su mente: parecía ser el árbol que estaba fuera de su casa, pero no había nada de lo que ella conocía. En el árbol había un apuesto joven que había sido atravesado por una flecha, debido a una trampa que le pusieron a él y a su amada. Haciendo uso de todas sus fuerzas, Aome salió corriendo de ahí y cuando iba cruzando la calle, un auto que viajaba a gran velocidad la aventó varios metros, dejándola inconsciente.
El hombre que conducía el auto, era de un monje. Su rostro también era muy familiar. Se bajo del auto para prestarle auxilio a la dama. La sujetó por los hombros y una gran cantidad de personas se reunieron en círculo para ver lo que sucedía. Aome comenzaba a recuperar el conocimiento, pero todo a su alrededor era un poco borroso. Las personas que estaban a su alrededor eran personas que le proporcionaban una profunda paz, rostros conocidos de alguna parte, pero no sabía de dónde. La mujer y su hijo estaban ahí diciéndole que todo saldría bien, el monje le pidió que no se rindiera, pues todos contaban con ella, el joven que ayudó en un principio a la mujer, le dijo que no lo dejara solo, pues no sabría que hacer sin ella, de pronto las ropas de aquel joven cambiaron de aspecto, ahora parecía ser un kimono rojo, y en su cabeza habían una orejas de perro muy lindas. Todo se estaba haciendo más claro. Las voces ya no se oían tan lejanas. El paisaje se parecía al del parque que está a escasos pasos de su casa, y atrás de aquel joven tan peculiar, había un hombre vestido muy extraño. Nunca antes lo había visto, pero su presencia le era familiar, atrás tenía unas alas de ángel. Y de la nada, sus labios sintieron la necesidad de pronunciar estas palabras que le dieron sentido a todo lo que estaba sucediendo: Inuyasha, primero fueron tenues, y cada vez cobraban más sentido y mayor intensidad. Todo cobro sentido.
Continuara.
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