-O.o ¿Entraste a su recámara? -Preguntó Daniel, algo perplejo.
-No -Respondió Aaron, casi ofendido- toqué a la puerta y no me contestó.
Daniel dio un suspiro.
-Ah, el buen Aaron, siempre tan gracioso. La verdad es que aún no me puedo creer eso de que te allas enamorado de ella... pero bueno, así es la vida. Oye, ¿qué te parece si vamos por algo de vino?
Aaron le sonrió al agente.
-Eres un maldito alcohólico.
Daniel se sonrojó un poco.
-Si no fuera por el vino, probablemente la bestia me hubiera matado.
-¿Ah sí?- Se extrañó locke.
-Así es.
*Recordando...
Y más allá, en la mitad de la decimotercera fila, el elegante cazador mexicano Daniel Antonio Buen rostro, mientras bebía sutilmente de una copa de vino tinto, platicaba con su inseparable acompañante Maximiliano:
-¿Qué opinas de esto, Max?, parece ser al fin un verdadero reto.
-Sí, se puede decir que sí. Aunque suena algo peligroso. -Opinó Max, mientras acomodaba el moño de su Smoking distraidamente.
Daniel esbozó una ligera y fina sonrisa:
-Si pudimos con las bestias de nuestras suegras, ¿con qué no podremos lidear?
Max dibujó una irónica sonrisa:
-Si hemos sobrevivido al ataque ha sido sólo por haberla pasado ebrios encerrados en tu casa.
Daniel bebió un sorbo de su copa, e hizo un rápido gesto con la cabeza, señalando hacia un lado.
-Vamos.
-Sí -Se dijo Daniel a sí mismo- ya ha pasado tiempo desde que comenzó esta misión.
-Y eso que esto aún no ha comenzado. -Añadió Aaron.
Los agentes salieron de la recámara, acechados, desde la copa de un árbol que daba a la ventana del cuarto de Aaron, por Kai, que no podía dejar de ver el colmillo de su hermana.
-Maldito mortal, me las pagarás.